idea+sueñopesadilla = esto
Ok, actualizo
Probablemente no tenga mucho sentido, pero la mayoría de lo que pongo aca no lo tiene :P
Desperté con el corazón en la garganta y las lágrimas
recorriendo mis mejillas. Mi corazón latía a mil por hora y la angustia y la
tristeza seguían agarradas con uñas y dientes a mí. Intentaba detener los
sollozos que escapaban de mi boca, pero no podía, era tarea perdida.
—Una vez me dijeron que si uno contaba sus sueños no se harían realidad—
comencé a hablarte porque el silencio, como nunca, me estaba volviendo loca. —De
algún modo siempre he creído en ello, además, es mejor contar los malos sueños
para poder sacártelos de la cabeza— al fin logre dejar de llorar.
more deeper
Me estoy ahogando, siento el agua a mí alrededor y el peso
que me jala más profundo, lo siento en mis tobillos, dañando mi piel y quitándome
la vida a cada segundo.
En cualquier momento no podré seguir aguantando la respiración
y eso será todo.
Muevo los brazos intentando nadar, poder acercarme a la
superficie, pero no veo nada, no hay ni una luz. No sé qué es más opresor, si
el agua o esa densa oscuridad, ambas me ahogan y me aterran.
Pero sigo moviéndome, sigo intentando subir, necesito aire. “por favor… por favor” es lo único que
repito en mi mente mientras me muevo, no quiero morir así, no quiero estar sola…
“tengo miedo”
La luna y su resplandor me señalan que estoy cerca, puedo
ver su luz y me agito con más fuerza, pero mis brazos ya no responden, estoy exhausta,
tan cerca de la vida pero no soy capaz de moverme. Quiero gritar, quiero maldecir
a mi puta voluntad que está dejándome morir, no soy capaz de moverme, aunque
quiero, aunque lo intente, estoy demasiado cansada y solo me hundo nuevamente.
“tengo miedo… no
quiero estar sola… que alguien me saque… por favor”
Es lo último que cruza mi mente antes que la falta de aire
me deje inconsciente.
Continuación...
Bueno dado la presión que ejerció una bruja y un nefi (bien detestables) es que vine a colgar una nueva entrada.
o.O
—Sí, ¿diga?— sustuvo el teléfono entre el hombro y la oreja mientras seguía preparando la
ensalada para la cena. Guardó silencio un momento al no escuchar respuesta, se
limpio las manos con el paño y miró el teléfono para ver si la llamada seguía. —Aló— volvió a hablar. Era extraño,
podía escuchar ruido pero nadie contestaba.
—¿Donde dejaste el baúl?—la voz
era casi un murmullo, un terrorífico murmullo que le recorrió la espalda como
si fuera hielo. —Maldita sea Kat, dime donde lo
dejaste
Sus ojos se abrieron asustados, miró por la ventana de la
cocina, hacia el jardín, prestando atención a las sombras que comenzaban a
formarse con el atardecer. El terror de que estuviera a pasos de ella la estaba
paralizando.
—Tony, ¿de… de que hablas?—logró
decir a través del nudo que se había formado en su garganta.
—¡El puto baúl! Mierda Katia no
tengo tiempo, dime ¡¿dónde lo escondiste?!— sonaba ansioso, y realmente furioso.
—¿El de Lucas? ¿Para que lo
quieres?
—Escúchame bien Katia, será mejor
que busques ese puto baúl, lo necesito ahora
—No sé donde está, no lo he visto
desde…
—No me importa, será mejor que lo
encuentres…
—¡Mami!—un lejano grito
interrumpió a Tony. Kat se giró hacía la entrada de la cocina, buscando a Lucas con la mirada, cuando no lo vio se dio cuenta de lo que
estaba pasando.
—Lucas… Lu…—
sentía el retumbar de su corazón en los oídos, las lágrimas ardían en sus ojos
y sus pulmones parecían haber dejado de funcionar, impidiéndole respirar.
—Encuéntralo o te juro que ese
pendejo será quien pague tu estupidez
—Tony no…por favor—el sonido del teléfono colgado la noqueo, era como una máquina
de signos vitales anunciando la dolorosa muerte, y eso la volvió loca. Estrelló
el aparato contra la pared y un grito desesperado rasgo su garganta, no podía ser cierto, no podía
tener a Lucas.
—No puede hacerle daño— se repetía una y otra vez tratando de creerlo. Sus piernas dejaron de sostenerla, haciendola caer, la fria y dura cerámica se clavó
en sus rodillas pero el dolor no fue nada comparado con lo que sentia en su pecho, se rodeo el torso con los brazos, se sentía desarmada, se caería a pedazos. Las lagrimas recorrían sus mejillas nublandole la vista y su respiracíon entrecortada rasgaba su garganta.
No era capaz de creer que Tony fuera capaz de amenazar con matar a su propio hijo.
...
Helena se sentó a mi lado, apoyando la espalda contra la pared y
mirando la luna como yo.
—No puedes seguir así— comenzó a hablar la rubia. La miré de reojo
pero ella seguía admirando la brillante luna. No dije nada, no sabía bien que
responderle. —puedo sentir tu mente divagar por los oscuros pensamientos que te
atormentan, no los olvidas, no los dejas en paz
—No puedo, intento evitarlos
pero siguen ahí, clavados— cerré los ojos y rodee mis rodillas con los brazos,
apoyando la cabeza en ellas.
—Volverás a perderte, a desaparecer, no puedes seguir así
—Desaparecí hace mucho, increíble que ni tú lo notes— y fue la única vez
que me miro, estaba enojada, y parecía algo dolida por mis palabras.
—No has desaparecido, solo intentas esconderte de todo lo que sientes
y piensas, quieres que los demás te olviden, porque eso es lo que siempre
esperas que pase, dejar de importar.
—Es lo que siempre pasa— susurré. Era incapaz de mirarla, no quería
pensar, estaba cansada.
—No eres una cosa, no pueden desecharte o reemplazarte— su voz sonaba
tensa, como si intentara no gritarme.
—Si pueden hacerlo— la mire a los ojos, para que entendiera que
hablaba enserio—solo prefiero no estar ahí cuando lo hagan
Sus ojos se volvieron rojos, pero no me ataco, tampoco grito, solo se
quedó a mi lado.
sueño
De un segundo a otro me encontraba en la calle, la gente
pasaba por mi lado, todos ocupados, todos en su propio mundo.
Sentía sus brazos rodeando mi cuello y cintura, no me
dejaría ir, eso lo tenía claro.
—Puedo sentirlo, por más que trates de esconderlo— un escalofrió recorrió
mi espalda al escucharla. Quería que se callara, no podía tenerla cerca, no lo soportaba.
—No sé de qué hablas— dije con la voz más firme que pude lograr. Una opresión
se había instalado en mi pecho y no era precisamente debido a su agarre.
—No trates de engañarme pequeña, está aquí— susurro recorriendo mi
pecho con la uña, comenzó a subir por mi cuello, como si pudiera sentir el nudo
en mi garganta—entre más lo niegas más fuerte se hace, esa inseguridad que
crece día a día ¿quieres desaparecer?
Castigo
No pude evitar la sonrisa que curvo mis labios al oír el sin
fin de groserías que salían de la boca de Leny, incluso me sorprendía su
excesiva imaginación, mientras detallaba lo que me haría en cuanto su nariz
dejara de sangrar.
—¿Tienes mierda en el cerebro?—gruño mientras un desagradable “crack”
sonaba. La vi apretar la mandíbula al acomodarse la nariz, había sido un golpe
perfecto.
—No— fue mi escueta respuesta. Vi un pequeño corte en la ceja
izquierda, un hilo de sangre bajaba por su ojo molestándola. Podía saborear la
rabia que emanaba de ella.
—Helena, ¡acabas de romperme la puta nariz contra la mesa!—un chispazo
de rojo recorrió sus pupilas, emocionándome.— ¿Por qué?
Solo me encogí de hombros, terminando de descontrolarla. Arremetió
contra mí encajándome un buen puñetazo en la mandíbula, supongo que quería
borrar la sonrisa que tenía…
Pero que carajos le pasaba a Helena esta vez, solo había aparecido, después
de semanas sin volver a casa, y me había golpeado. Maldita hija de puta, le iba
a dejar la cara hecha papilla.
Aproveche el segundo de desorientación que tuvo con el golpe que le
di, golpee su estómago con la rodilla y en cuanto se dobló fui a por devolverle
el golpe en la nariz, pero la muy zorra ya se lo esperaba (he aquí el problema
de pelear contigo misma), antes de poder hacer nada me tacleo, cual jugador de
futbol americano, empotrando mi cuerpo contra la pared.
—Vas a… tener… que pagar… el arreglo— logré decir con el poco aire que
me dejo en los pulmones.
Sus brillantes ojos rojos me miraron divertida, me tenía el antebrazo
derecho contra el cuello, cortándome el aire. Se limpió la sangre que emanaba
de su labio, con el pulgar, para luego probarla con la punta de la lengua.
—uu…uu... que… sex… sexy— me burle, ganándome un golpe en las
costillas.
En menos de un minuto la tendría inconsciente si continuaba con la presión
contra su cuello, la muy idiota no sabía cómo librarse del agarre, tanto tiempo
inactiva le estaban pasando la cuenta.
—Esto te sucede por vaga— la regañe, apretando la herida que seguía abierta
en su ceja. La nariz parecía sanar normalmente (o sea, ya estaba casi intacto
el hueso, al menos no había perdido la capacidad de sanar a la velocidad de la
luz)
Intento golpearme nuevamente, pero atrape su muñeca y la lleve contra
la pared.
—Esto es muuuy decepcio…— el filo agudo rasgando mi muslo derecho interrumpió
mis palabras. Abrí los ojos sorprendida al notar la daga clavada en mi piel.
Que listilla, me había despistado con el intento de golpe. Cedi en mi agarre el
tiempo suficiente como para que se soltara y lograra golpearme la sien, mandándome
al piso.
